ESTAIS MUERTO, SEÑOR.-

Escrito por: jaloque

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Carta a un maltratador con  corona

 

Señor y Rey consorte de nuestra Reina Juana I de Castilla, León, Aragón y demás reinos de España.

Ved a vuestra esposa ante Vos, tras los velos y tocas negras, llorosa, con la vista extraviada buscando protegeros, a Vos, que la tratasteis como un mero objeto de ambición y juego de política de reinos, desde Flandes hasta  su misma cuna de España.

A ella, que os dio a Vos la corona que ostentasteis y con la que mercadeasteis sin rubor, para hurtarla a vuestra esposa, la legítima Reina.

Ya no podréis humillarla, ni conspirar con reyes y mercaderes.

Estáis muerto Señor.

      Vos lo buscasteis.

Burgos hizo de Justicia Divina, que ni jueces en la tierra, ni los poderosos Reyes Católicos fueron capaces de hacer, cerrando los ojos ante el trato vejatorio y humillante a vuestra esposa, princesa real de Castilla, mujer débil por amor, que todo os lo entregaba y de Vos solo exigía ser vuestra compañera en el trono y en privado, en salones palaciegos y en los partos que os dio generosa y leal.

Fuisteis manipulador que  juega  con  desprecios, insultos y castigos, y después ofrece flores, joyas y noches de “pasión” para que no se le agote el juego y lograr sus objetivos. 

Cuando llegó a vuestras tierras de Flandes, Juana era joven, atractiva y dispuesta a complacer a su joven esposo, por el que sintió una inmediata atracción, cosas éstas difíciles de encontrar en una princesa.

Recibió un trato desconsiderado de su nuevo país, ante vuestra indiferencia de  marido descaradamente infiel.


Cuando ella se rebeló ,queriendo hacer valer el respeto que merecía  como esposa y princesa, la encerrasteis en sus aposentos, a oscuras, de modo humillante para que no estorbase, quebrando su inestable equilibrio emocional, traicionando la dignidad de esta mujer incapaz de saber utilizar, ante su ambicioso y desatento marido, las cartas valiosas que el Destino puso en sus manos, a falta de un consejo reflexivo y certero que nunca tuvo.

Ya nunca más podréis reíros de ella en público, ante vuestra Corte borgoñona, mientras ibais con otras damas descaradamente ante sus ojos, rompiendo su corazón, su estima y su educación de esposa leal y enamorada. 

Estáis muerto, Señor porque lo habéis merecido.

Seais Rey, Duque de Borgoña, panadero o pastor, habéis sido,  ante todo  un maltratador. 

Las frías aguas del Arlanzón, tras un acalorado juego de pelota, hicieron justicia en aquel vaso de tallado cristal que en el Palacio de los Condestables de Castilla, “Casa del Cordón”, os esperaba pacientemente.

Su patio de columnas isabelinas de piedra blanca se llenaron de llanto, y vuestra Reina y esposa os tuvo para siempre fiel y leal, solo para ella… al fin.

¡ Nadie se acerque al Rey ¡- ordenó vuestra Reina…aun consumida por los celos que le disteis sin tregua.

 Y embarazada de vuestra última hija, formó largo cortejo de nobles y Grandes de España a través de los páramos helados burgaleses,  arrostrando ventiscas, nieve y caminos intransitables, celando vuestro féretro,

Ya para siempre suyo fuisteis, Señor… Más suyo en su locura, que vuestra muerte repentina terminó de minar en su cerebro. 

Ya no fue Juana, la bella joven llegada de Castilla junto a una dote que ambicionabais, provista por los Reyes más influyentes de Europa para Vos y su hija, la rebelde, la de carácter difícil, que precisaba a su lado a un buen esposo que limase sus prontos y arrebatos.

 Se encontró con un inmaduro soberbio que gozaba pisando sus demostraciones amorosas, que Vos le reprochabais como impropias de una princesa real, es cierto, pero que eran aceptables en un gozo matrimonial para cualquier hombre bueno, tan solo a cambio de un poco de respeto, afecto y consideración como mujer, esposa y madre de vuestros hijos herederos.

Ahora es “Juana la loca”, cautiva y desposeída por los suyos.

 RECONOCED que todo esto es cierto, aunque solo sea para ella…. 

Y entre las blancas columnas del Palacio de los Condestables resonaron lúgubremente unas terribles palabras en la fría noche del páramo de Burgos.

 

¡¡¡ ASÍ FUE ¡!!

Y nunca más volvisteis a hablar.

 

 

Texto original de JALOQUE

Conchita Ferrando de la Lama

(Todos los derechos reservados)

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